LA DEGENERACIÓN DE LA ENERGÍA.

La improbable teoría se fundamenta en el hecho observado de que existen acontecimientos que son centros de energía originales, cuya calidad degenera en cada eco que aparece en su círculo, círculo que se expande en el espacio y en el tiempo. Esos centros son modelos focales, cuya existencia suele anteceder a los ecos o rebotes, que devienen reiteraciones, imitaciones, copias o simulacros.

El Bosque Pintado es una obra realizada por Agustín Ibarrola, que trabajó directamente sobre los troncos de más de 500 pinos entre 1983 y 1991 en el bosque de Oma, en Kortézubi, cerca de Gernika (Vizcaya). El Bosque sufrió dos agresiones por parte de sectores radicales que no perdonan a Ibarrola su actitud crítica con el nacionalismo fundamentalista del País Vasco. Ibarrola había sido un artista comprometido durante la dictadura, habiendo sufrido cárcel en más de una ocasión por su actitud crítica frente al régimen. Pero a día de hoy, su nombre y su figura, internacionalmente reconocidas, reciben y padecen al mismo tiempo la admiración y la solidaridad de sus conciudadanos como el insulto y el ninguneo por parte de los radicales proetarras y las instituciones proclives al nacionalismo radical (o temerosas del mismo). La gravedad de la situación lo obliga a llevar escolta, e incluso a residir durante periodos de tiempo fuera de Euskadi.



Más allá de este triste caso de intolerancia irracional, el Bosque Pintado es un centro de energía original cuya intensidad mágica emociona a los visitantes. Quienes lo han visitado manifiestan haberse sentido commovidos por la experiencia de caminar por ese frondoso paisaje norteño en el que la naturaleza y el arte se han aliado en simbiosis perfecta. La tradición del land art, unida a un amor íntimo por la tierra y una conciencia sensible con el ecosistema, constituyen la base para un acontecimiento que hoy por hoy, se yergue como el opuesto del gran polo magnético: el titánico Guggenheim. Manuel Bausc, escribe en un hermoso texto (Revista digital Babab) que mientras que al Guggenheim de Gehry le sobran los cuadros, existe sin ellos, el bosque de Ibarrola commueve sin libro de instrucciones. Y concluye que las obras de arte dentro del templo de metal, a pesar de su innegable calidad, carecen de la emoción y del misterio de la fantasía que nos ha despertado las botas mojadas entre los árboles de Oma.

Los ecos del Bosque Pintado no han demorado mucho su aparición. En 1995, la iniciativa de unos alumnos de Bellas Artes, con el asesoramiento y dirección del propio Ibarrola, cristalizó en una obra realizada sobre unos olmos enfermos de grafiosis situados en parques y avenidas de la ciudad de Salamanca. Este eco, indica una distancia respecto del centro de energía original, aunque conserva algo de la esencia e incluso puede aportar interesantes conclusiones en cuanto a al diálogo entre la obra y el entorno urbano.



El punto de eco más alejado y degenerado del centro energético original, lo encontramos en la rotondilla sita en el cruce de salida al polígono industrial Cortijo Real, en Algeciras, en la Comarca del Campo de Gibraltar (Cádiz). La propuesta es tan burda y banal, que incluso quien desconozca su filiación, no podrá sino esbozar un comentario nada entusiasta. La pesadez de la conducción, el trazado sinuoso dejado atrás si se viaja en dirección a Algeciras, o la estresante salidad de la ciudad si el viaje es en dirección contraria, hacen improbable que el conductor que transita por la nacional IV entre Algeciras y Cádiz, o los que entran y salen del polígono, se halle en un estado idóneo para la apreciación estética. Por otro lado, el entorno inhóspito de ese no-lugar, rodeado por un paisaje semindustrial en eterna transformación degenerativa, cargado con los signos materiales de la producción, la velocidad, el exceso y la ausencia de lo natural, se crece en su superior escala por causa del contrapunto del grupo de arbolitos coloreados. Los endebles y raquíticos arbolitos descarnados, como ridículos tipos que parecen haberse confundido de fiesta, no pueden más que manifestar su impotencia como pretendido signo, como pretendido objeto o intervención artística. Naturalmente, la culpa no es de ellos.

Créditos:
Fotografía del Bosque Pintado de Sergio de Mingo. Por cortesía de Sergio de Mingo. De sitio en sitio.
Citas del artículo de Manuel Bausc por cortesía de Babab.com. ( a quienes escribí solicitando permiso, y como no obtuve respuesta seguí el refranero; quien calla otorga).
Foto de la rotonda de loa arbolitos pintados: Vanesa Pérez.

1 comentario:

Sergio dijo...

El bosque de Oma es un lugar mágico sin duda. Tras comer en Gernika y pasar la tarde en el entorno de las cuevas de Santimamiñe, no hay mejor manera de esperar el atardecer que entre los árboles pintados de Ibarrola.